viernes, 15 de febrero de 2013

La doctora Silvia (segunda parte)

¿Os acordáis de la doctora Silvia? Pues bien, sigue así.

Como os contaba, Silvia iba a hacer un jarabe de "choco", pero no lo consiguió.

¿Por qué? os preguntareis; pues, porque no encontraba la fórmula.

—¡Ya se!, chocolate, azúcar....No, no, no, no es así. Mejor.... chocolate, fresa, miel....¡Tampoco!

Y así día y noche, hasta que,....

—Le preguntaré a alguien, como a....¡a mi jefa Sonia!

Como os había contado antes, vivía en el pueblo de una montaña; que, por cierto, se llamaba Montan City.

De repente, algo se había puesto en su camino.

Diario de Sonia, Alto secreto leyó en voz alta.

—Bueno, lo voy a hojear, por una vez... —dijo mientras leía para ella la primera página:

   Querido Diario:

   Hoy me quedo ha a comer en Roma. La comida estaba deliciosa.

  
   7/2/13

   Querido Diario:

   Le voy a dejar hacer un jarabe a Silvia, por esta vez....


—Bueno, me voy, que ésto no estaba previsto —dijo mientras se guardaba el diario en el bolso.

Cuando llegó, lo primero que hizo fue ir al lado de la fuente.

Pero, antes de llegar, vio que había un papel pegado a una farola.

   Aviso Urgente:

   Hubo un incidente anoche.
   Sonia, perdió su diario secreto, secretísimo.
   Es de color amarillo      .
   Recompensa de 400$ a quién lo encuentre.

—Bueno —dijo—, lo primero es lo primero, primero Sonia y luego lo otro...

Encontró a Sonia leyendo una revista.

—¡Hola! Te veo desilusionada.

Si, perdí mi diario anoche.

—Si, y... dime: un jarabe, ¿como se hace?

¡Ah! Fácil. Pones glucosa, chocolate, agua y... flor Vaticano.

—Gracias, y.... ¿esto es tuyo? —dijo dándole el diario—, bueno, lo he hojeado un poquito....

¡Da igual!

Cuándo Silvia volvió a la farmacia, hizo el jarabe valientemente.

   1º Le pongo chocolate.

   2º Le pongo glucosa.

   3º Le ponemos agua y....

   4ª ¡LISTO!

Vino un cliente y ella le dio la receta.

El cliente mejoró.























miércoles, 6 de febrero de 2013

La doctora Silvia (primera parte)

Había una vez, una doctora llamada Silvia.

Ella soñaba con hacer algun medicamento, pero solo se los recetaban.

Un día, se dijo para si:

¿Por qué no le preguntó a mi jefa, Sonia, si me deja hacer algún jarabe o medicamento?

Y, así lo hizo.

Su jefa, Sonia, vivía en el pueblo de la montaña.

Así que debía encaminarse hacia allí lo antes posible.

Cruzó tormentas de nieve, agua y granizo.

También tuvo que acampar en el bosque Tenebroso.

Un día, llegó a su destino, pero, en cuanto a...... ¿donde vivía su jefa?, no
tenía ni la más miníma idea.

A si que fué preguntando a los vecinos donde vivía su jefa.

Al fin, uno respondio:

—Si, lo sé. Vive al lado de la fuente.

Y se fue a allí.

Se la encontró saliendo de casa.

— ¡Ay! Perdón, lo siento mucho....

— ¡
Oh, no es nada!repondió

—¿Te quería preguntar una "cositina", puedo hacer un medicamento?

—¡Claro que si, iba a salir para decirtelo!

Se fueron las dos a la farmacia, y, cuando se fue Sonia dijo:

— A ver, ahora mismito voy a hacer un jarabe de chocolate.

...continuará...

lunes, 4 de febrero de 2013

El helado fantasioso

Había una vez, un helado de dos bolas llamado Alicia.

El, vivía en la heladería del parque San Francisco.

Sus dos bolas eran de chocolate y de nata.

Un día un cliente preguntó:

—¿Me podría poner, un helado de dos bolas, de nata y chocolate, por favor?

El heladito pensaba que no lo eligirían a él, pero se equivocaba. Se dijo para si:

—Me fugaré de aquí, si no hay mas remedio...

Se fugó.

Se fue a la Antártida, pero se congeló como un cubito de hielo.

Se fue a Londres, donde se estaba mejor.

Se construyó una casita en un vertedero.

Pero, se imaginaba que estaba con unos caimanes.

—Hay madre, estoy aquí "solín", sin nadie ni nada que me proteja, sin refuerzos y....

Vinieron a recoger el vertedero, y, se llevaron al heladito, mientras este decía:

—Nunca me pillarán, ja, ja, ja....

Nunca más se ha vuelto a ver al heladito. Dicen que esta muy feliz, con todas sus imaginaciones.

domingo, 3 de febrero de 2013

Los viajes del chocolate


Había una vez, una tableta de chocolate llamada Julia.

Vivía en la despensa de la calle Clavel.

A ella, en realidad, no le gustaría que le comieran. Prefería irse de aventuras.

Y, así lo hizo.

Se alejó de puntillas o, en su idioma, de "chocotlillas".

Dicen que se fue a Chocolandia, pero no, no fue así.

Se fue a Londres, pero no le gustó.

Se fue a China, pero no entendía ni jota.

También fue a Rio de Janeiro, pero, con tal alboroto, le dio un miedo terrible.

Hasta que, también se fue al Polo Norte y Sur, pero no enconraba hogar.

Cada vez estaba mas "depre".

Un día se le ocurrió una idea. Era irse al desierto del Ráthara, donde, ningún turista aguantaba aquel calor, entonces, se tenían que ir.

La tabletilla Julia, estuvo allí año y medio, o sea un año y 6 meses. Pero, un dia notó que le caía chocolate, y que era cada vez más bajita.

Antes, veía un cactus cada mañana por su ventana, y ahora sólo veía su pared. Que raro ¿eh?

Un día, notó que se hacia líquido, pero se fue pitando de allí y se regeneró.

Y nunca más volvió a escaparse de su casa, la despensa de la calle Clavel.

La fruta que tenia un don



Había una vez, una fruta normal y moliente, una ciruela, como todas las demás. Se llamaba Daniela. Un día, la iban a comer unos humanos para la merienda pero dijo:

—Me voy a escapar, no quiero que me coman.

Sacó sus patitas y echó a correr. Su amiga, la naranja, la intentó detener:

—¡Espera, no te vayas, a todas nos van a comer, ¿que tal si lo hacemos juntas?!


La fruta le hizo una pedorreta y le dijo:

—Nada de eso. A mi no me van a comer, adiós frutas.
 
Daniela se va a México
Daniela se va a México
Y se marchó. No se sabe a donde se fue. Se dice que se fue a Mexico, donde no volvió.

Ella sí estaba en Mexico y la aceptaron para trucos de magia. Su jefe le preguntó:

—¿Sabes hacer alguna cosa magica como, no se, hacer malabares, convertirte en conejo o....?

Ella le dijo a su jefe:

—Si se, —dijo— es coger a un niño, ponerlo en esta caja, con una sierra, cortarlo a la mitad y, cuando no se den cuenta, el niño se va y desaparece su amigo. ¿Que le parece?

—Perfecto. Que no falle, ¿he...?

—¡Claro, jefe!

Al dia siguiente, acudió un montón de gente, señoras, caballeros y niños, con tal alboroto cuando le tocó el turno a la ciruelita.


—¡Señoras y señores, niños y niñas, ahora, necesito un voluntario, ¿quien se atreve?!

Todo el mundo dijo:

—A mi, a mi — ó

—Yo, yo, por favor.

Eligió a Veronica, la hija del panadero.

—Por favor, Veronica, tumbate aqui, aqui.

—¿Que me van a hacer?


La ciruela Daniela, no le habia oído. Vero se tumbó y con una sierra, la corto en dos partes.

—¡Ay! —, se oyó.


Cuando estuvieron distraídos, Veronica se fue tras el telón, mientras los otros respiraban rapidamente.

Luego, cuando volvió Veronica, todos aplaudieron.

















jueves, 24 de enero de 2013

El hilo mágico

 El cuento de la historia de Mónica


Había una vez, una chica llamada Mónica.

Mónica trabajaba como costurera en una tienda de ropa llamada Stik.

Nadie lo sabía, pero tenía un secreto, uno grande, grande, más bien, muy grande.

Os contare lo que sucedía. Era que, para coser, tenía un hilo mágico que cuando decía:

     —¡Verde, vestido! ¡Roja, camiseta!— se hacía el vestido ó camiseta.

Ella, en realidad, no sabía ni jota de coser. O sea, no sabía.

Su jefa, que era muy dura, le obligaba a hacer las peores cosas, como: barrer, fregar, limpiar el polvo, hacer la comida....; y aparte tenía que salir a por la compra y mancharse de barro, o en un día esplendido de sol, si empezar a llover se mojaba y ella no tenía paraguas....

Su jefa se llamaba madame Carry y su tienda tenía muchísima fama entre todos los habitantes de su ciudad; que, a propósito, se llamaba ”House city” y estaba gobernada por su excelencia el rey Alfonso II.

Luego, a Mónica le encantaba el dulce, los caramelos, la tarta, las piruletas, el chocolate...., pero de eso no podía abusar mucho, pues comía al día una chuleta y agua.

Nada más, era muy poco, pero se había acostumbrado a ello.

Luego, no salía casi nunca, no tenía ahorros, casi ninguno y sus amigos eran: hilo, aguja y mesa.

Un día, en la plaza se celebró un concurso de hilar.

Las participantes eran: Leidi Cose y Melodi Run.

Las reglas consistían en:

ü       No tener aguja eléctrica

ü       No ser un robot y hacerlo cuando digan YA.

Mónica se presentó al concurso, pero sin el hilo mágico.

Cuando dijeron YA, ella se hizo una furia y, teje que te teje, ganó el concurso y la libertad.

miércoles, 23 de enero de 2013

De como la A se convirtió en "arroba"

El asombroso viaje de la letra A


Había una vez, una letra llamada la A que vivía en el país de las letras.

Sus mejores amigas eran las letras: E, I, O, y la U.

Su comida favorita era la sopa de letras con carne y su bebida favorita el batido de las letras vocales.

Le encantaba jugar, bailar y saltar. Le gustaban también las aventuras. Tanto le gustaban que un día fue a aventurarse a una de ellas.

Fue al bosque empinado donde recorrió lagos, ríos con pirañas, y se encontró hasta con una víbora. También recorrió un terreno que cuado lo pisabas salía del suelo un sonido extraño, muy extraño.

Tenía un viejo mapa de su abuelo Leonardo; el fanático de las aventuras.

Su mapa, como era viejo y polvoriento, con el viento se deshizo en seguida y no tuvo más remedio que acampar en el bosque.

—Me da miedo, mucho miedo acampar, y encima, en el bosque— dijo la letra A.

Y así estuvo quejándose toda la eterna noche, bueno lo que a ella le parecía.

Cuando el gallo cantó, ella se fue pitando del bosque y nunca más se fue de aventuras. Se quedó en casa hasta el resto de la eternidad, hasta que un día se convirtió en una letra fantasma, “la arroba”.

Cuando la dibujas, tiene más o menos este aspecto:@, es la que envías en los “e-mails”.

Así se invento la arroba gracias a la letra A.